Sobre la bodega
Comentario sobre la bodega
Tras consolidar en la edición anterior la que fuera una de las sorpresas del año, El Estrecho, un monovarietal de monastrell y una auténtica apuesta autóctona, esta edición destaca por la regularidad e impecable trabajo en toda su gama y especialmente entre sus monovarietales. Lo que demuestra, tal como venimos repitiendo desde hace años, el interés por seguir investigando en las posibilidades de su viñedo y el afán de superación de esta casa, sin lugar a dudas una de las bodegas de mayor personalidad y carácter del país, empeñada desde hace casi 20 años en elaborar vinos de altura y gran calidad. Aunque ello supusiera ir a contracorriente en una zona que hasta hace poco se conformaba con sus vinos tradicionales y etiquetas corrientes que alimentaban a los turistas. Era toda una rareza que alguien se preocupara por aclimatar uvas nobles en su viñedo (cabernet, merlot, la siempre difícil pinot noir y una shiraz de la que entonces muy pocos habían oído hablar), y más aún, viajar por todo el Nuevo Mundo realizando “segundas” vendimias para aprender. Pero Enrique Mendoza, secundado por sus hijos, Pepe (en el lado enológico) y Julián (en el comercial), actuales responsables de la bodega, estaba iniciando una pequeña revolución silenciosa cuyos resultados han irradiado más allá de su zona. Durante muchos años, esta bodega fue uno de los secretos mejor guardados del vino español, apenas conocida por unos pocos expertos y aficionados entusiastas, y por unos exportadores a los que no les pasó por alto la personalidad de sus vinos sinceros y mediterráneos. La clave de este toque personal hay que buscarla en un excepcional trabajo de viñedo y en una mirada fresca y con cierta perspectiva internacional que supo entender cuál tenía que ser el mensaje a transmitir desde una región meridional y azotada por el sol como es Alicante. Tomando el modelo de los tintos australianos, que estaba a punto de poner patas arriba muchos de los modelos clásicos establecidos hasta entonces por el Viejo Mundo, los Mendoza se aliaron con la canícula para profundizar en el color, la carnosidad y la potencia de sus vinos. Una apuesta no exenta de riesgo, conceptual y de maduración, en la que casi todo se realiza en el filo de la navaja. El tiempo, con una nutrida representación de imitadores a su alrededor, les ha dado la razón. El mérito es que siguen en la brecha, con la misma dedicación y el mismo trabajo serio que caracterizó sus inicios, pero ya hoy con una marca asentada y un nombre con peso (www.todovino.com)
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