"prohibido para capullos". Así reza la contraetiqueta de este vino de Jean François Ganevat. Y así es: un vino sin concesiones, con un marcado estilo propio, sin ningún tipo de complejos. Sin filtrar y sin clarificar: bonito color con algo de materia en suspensión y algún rastro de carbónico visible. Nariz peculiar, que recuerda a un champagne en un inicio: masa de pan. Pavía y rastros minerales. En boca tiene una acidez cortante. Directo, afilado y larguísimo. Muy muy definido. Con sólo 10,5 grados se bebe sólo. Unos años en botella domarán esa acidez y añadirán matices.