
Hace justo una semana, el miércoles día 3, la conocida revista Sibaritas (que pertenece al Grupo Peñín) llevó a cabo la entrega de sus premios anuales. Vinogusto estuvo invitado pero el post había quedado pendiente con todo el trajín del Encuentro en Madrid. Fue muy interesante y nos permitió conocer gente interesante y buenos vinos.
El lugar elegido fue la tienda Lavinia, en pleno corazón del barrio de Salamanca: vino, vino y más vino conjugado con una decoración modernista muy cuidada. Al acto acudieron muchísimas personas del mundillo enológico, encabezados por quien finalmente ejerció de maestro de ceremonias: José Peñín. Fue el encargado de hacer el discurso de presentación, de explicar por qué y cómo se habían dado los premios.
Peñín destacó de los premios que han sido elegido por el jurado especializado sin una lista de nombres, y que “curiosamente” tanto las bodegas como los vinos premiados son fruto de una relación muy especial del vinicultor con la tierra.
El premio al Vino del Año recayó en el Priorat Ferrer Bobet 2005. Se trata de una aventura conjunta del empresario Sergi Ferrer-Salat y del enólogo Raül Bobet que ha dado como fruto a un vino que, como ellos mismos admitieron al recoger el galardón,”al principio no fue comprendido” aunque parece que ese es un problema que ya ha sido resuelto.
El Vino para la Historia recayó en un vino a cuya añada 2004 Parker le otorgó 2004: el Espectacle 2005 que elabora René Barbier en Montsant. A pesar de ser un veterano ya en estas lides, el reconocido enólogo se mostró visiblemente emocionado al recibir el premio.
4 kilos fue la elegida como Bodega del Año. Este proyecto de Segio Caballero, especialista en imagen y marketing, y el enólogo ‘Cesc’ Grimalt, toma el nombre de la inversión, 4 millones de pesetas, que les supuso poner en pie la bodega y los viñedos en el pueblo mallorquín de Felanitx. En todo caso, una apuesta arriesgada que les está saliendo muy bien gracias a dos vinos, el 4 kilos y el 12 volts, que están haciendo las delicias de los que gustan de vinos mediterráneos.

Raúl Pérez subió a recoger, hecho un manojo de nervios, el premio a Personaje del Año que en este caso otorga directamente, sin jurado, la revista Sibaritas. Este joven enólogo empezó con la bodega familiar, que pronto se le quedó pequeña, y hoy en día se mueve sobre todo por el noroeste penínsular buscando sacar lo máximo de ellas mismas a variedades que casi nadie se ha tomado nunca en serio.

Por último, el vino elegido por los clientes de Lavinia para el Premio del Público Lavinia fue para Predicador 2005, de las bodegas riojanas de Benjamí Romeo. Fue su distribuidor, Alberto Fernández, quien subió a recoger y agradecer el premio.
Al final, por supuesto, pudimos disfrutar de los caldos premiados por la revista y de un ligero pero sabroso catering.

Todos los premiados.
Beber vino es un acto ordinario, algo que hacen muchas personas muy a menudo. Para la mayoría de las personas, el vino no pasa de ser una bebida más, de la que disfrutan a la hora de comer o con la cena, sin pedir mucho más. Y está bien que así sea. Pero el vino puede ofrecer más de sí, muchísimo más.
Para empezar, el vino no es una bebida que se produzca en serie, cumpliendo a rajatabla con una fórmula química que da siempre el mismo resultado. El vino es él y sus circunstancias, como diría aquél: el terruño, el viento y la lluvia, el sol, el proceso de elaboración, la propia vid y la variedad de uva… Todo tiene su importancia y es determinante. Por eso, cada marca, cada añada, apurando, cada botella son únicas.
Por eso, aprender a entender el vino es la mejor manera de exprimirlo, de sacar todo lo que puede dar de sí. Y no se trata aquí de aprender unos gestos, unos rituales cursis y amanerados o expresiones rimbombantes y palabras que suenan a francés. No. Esto no tiene nada que ver con esnobismos, sino con la educación de los sentidos y la potenciación del disfrute.
Y no es esnobismo porque la cata es, ante todo, un acto individual. Uno se enfrenta a la copa con sus propias armas (la vista, el olfato, el gusto) y su experiencia. Por eso, no deja de ser una experiencia única, que pertenece por entero a la persona que en ese momento degusta el vino. Y, como los vinos, cada persona es un mundo. Luego podrá añadirle el placer de compartir con los demás sus descubrimientos, sus impresiones, y así seguir aprendiendo y construyendo. Beber vino para impresionar a los demás es desvirtuar el fin último de ese acto, que es ni más ni menos que disfrutar. No se le debe dar ni más ni menos importancia.
Tampoco puede ser un acto exclusivo porque una botella de vino está al alcance de cualquiera y todos disponemos de vista, gusto y olfato. Cierto es que no todos tenemos la misma capacidad olfativa, ni somos capaces de distinguir entre los diversos aromas y gustos que impregnan el vino, pero eso es algo que se aprende hasta alcanzar una habilidad suficiente como para poder sacar un buen partido a nuestro vino.
Pero no nos podemos quedar sólo con el vino. Porque el vino en sí mismo ya es un placer (vale, no siempre) pero combinarlo con el plato adecuado puede multiplicar el disfrute de ambos, del caldo y de su acompañante. Por eso también es aconsejable aprender a maridar, para completar así un experiencia que puede ser irrepetible.
De todo eso se han dado cuenta las tiendas y los bares de vinos, muchos de ellos regentadas por personas que son amantes del vino antes que empresarios y que, por lo tanto, buscan difundir la cultura del vino al mayor número de gente (y no sólo porque eso es bueno para el negocio). Para ello organizan cursos de cata, degustaciones, viajes a bodegas… Y cada vez son más quienes se animan a probar.
Desde aquí os ofrecemos una pequeña lista de tiendas en las que podréis encontrar este tipo de actividades. Por supuesto, esto no es más que un extracto y si os acercáis a la tienda de vuestra ciudad seguro que os sabrán ayudar.
Comunidad de Madrid:
Cataluña:
Comunidad Valenciana:
Andalucía:
Galicia:
Castilla La Mancha:
El nombre lo deja claro y nada más entrar se aprecia que es un sitio destinado al uso y disfrute del vino. La original, situada en la calle Ponzano nº21, la pusieron en pie Enrique y Diego hace ya cuatro años y medio. Dos años después levantaron la segunda en la calle Don Ramón de la Cruz, aunque actualmente está en reformas.
La de la calle Ponzano, muy cerquita de la Castellana, está dividido en dos salas decoradas con gusto: tonos tierra en las paredes adornadas de cuadros que representan botellas y copas. La más pequeña, nada más entrar, tiene una barra y mesas altas. Al fondo, tras atravesar las climatizadoras, hay un comedor que estaba vacío y con las luces apagadas, en el que destaca un bonito botellero. “Es agosto”, se justifica Enrique, “durante el resto del año estamos a tope”.
En La Vinatería se puede beber vino por copas o comprar la botella. Tienen “unas doscientas referencias” de vino de España, sobre todo, y algo de Francia e Italia, y funcionan también como tienda. Como muestra un botón: fresco y servido en copa de borgoña, se puede degustar un Rueda Viña del Sopié por algo menos de 2 euros. Acompañando, unas tapas sencillas pero sabrosas que siempre se agradecen.
Además de beber también se puede comer, y muy bien, con precios que van desde los 6.90 de las croquetas de Jamón Iberico (precio que rondan los entrantes) hasta los 21.50 para compartir un atún rojo a la plancha con salmorejo.
Un sitio acogedor, agradable, con muchas y variadas referencias (sobre todo si optamos por la botella). Por poner algún pero, quizás un ligero desorden que empaña un ambiente escogido para disfrutar del vino y las cantidades que son servidas en la copa, que podrían ser un poco más generosas. Pero claro, siempre pueden ser más generosas.

