Bodegas Neo no lleva ni una decena de años elaborando vinos, desde que tres amigos, Julio, José y Javier decidieran ponerla en marcha. Sin embargo, en ese corto de tiempo han dado más guerra que la mayoría de bodegas, sin ningún tipo de complejo y con un derroche de imaginación, creatividad y sentido constructivo.
Porque Bodegas Neo no sólo elabora vinos, aunque los que elabora en la Ribera del Duero están dando bastante de que hablar. En su momento empezaron con 50 barricas y hoy en día, “poco a poco y pasito a pasito” exportan a 65 países. La bodega, además, es un antiguo molino totalmente reformado para convertirlo en la bodega moderna y cómoda que ellos querían.
Pero Bodegas Neo no sólo elabora vinos porque como el propio Javier explica “queríamos aportar nuestro granito de arena para mejorar el entorno”. Se pusieron manos a la obra desde el principio y crearon “una especie de fundación” llamada Mondoneo.
Desde ella, llevan a cabo varios proyectos solidarios. Por ejemplo, lograron que de mucha gente pusiera entre 1 y 5 euros para ponerle su nombre a una vid que sería plantada en Marruecos. Una vid que junto con el resto serviría para proporcionar trabajo y sustento a los habitantes de un pequeño pueblo del Atlas.
También colaboran con la Asociación Arandina de Amigos del Pueblo Saharaui. Con ellos han reformado un internado “en territorios ocupados en el que los niños vivían en condiciones infrahumanas”. El año pasado convencieron a Amaral para que ofreciera un concierto benéfico y este año son Hombres G y Melocos los que colaborarán con la causa.
Prefieren trabajar del “entorno cercano” y no con grandes ONG’s “porque así sabemos a quién va el dinero”, y también porque tampoco quieren hacer demasiado ruido y que la gente compre sus vinos por razones que tengan que ver con la fundación.
Pero Bodegas Neo no sólo hace vino y lleva a cabo actividades solidarias. También han organizado más de 15 conciertos, espectáculos teatrales, cenas y catas y todo tipo de actividades. Además, en su flamante nueva bodega han instalado un estudio de grabación musical y todo para promocionar “el vino y su cultura entre los jóvenes”.
Javier lo tiene claro. Los que están en el mundo del vino “nos olvidamos del futuro: los jóvenes, que son los que dentro de unos años tienen que beber vino”. Le preguntamos por qué cree que los jóvenes no se acercan al vino tanto como a otras bebidas y también es tajante:”El problema es claro: nosotros mismos nos limitamos”. Y se pregunta: “¿Por qué no puede haber campañas increíbles de vinos como sí las hay de cerveza u otras bebidas?”.
Va todavía más lejos e invita a los jóvenes a beber calimotxo. A quien le critican por esto, les contesta: “al fin y al cabo, si un joven bebe calimotxo tenemos media copa ganada. Luego ya irán aprendiendo que el vino está mejor solo”. Sin embargo, no frivoliza. “Tenemos que hacer una campaña de concienciación, de consumo equilibrado y explicar las propiedades del vino.” “Hay que aprovechar, concluye, que ahora el vino es una cultura cuando antes era sólo una bebida”.
Muchas veces se dice que el enoturismo en España no está lo suficientemente explotado, que en Francia o en California llevan mucha ventaja, mucho camino recorrido, y lo cierto es que con las cifras en la mano esto es así.
Sin embargo, poco a poco van surgiendo bodegas que intentan dar ese paso adelante y no sólo abrir sus puertas, sino poner en la red un cartelón bien grande que invite a los amantes del vino y del enoturismo a conocer de primera mano su manera de trabajar y de elaborar el vino.
Es el caso de Enovisits, página web creada para dar a conocer a tres bodegas familiares catalanas y los itinerarios que ofrecen por sus viñedos y sus masías, algunas de ellas del siglo XII.
Por un lado está Parés Baltà, que se dice totalmente ecológica: usan ovejas para fertilizar y abejas para polinizar. Pertenece a la familia Cusiné y de sus cinco parcelas recogen las uvas que luego servirán para la elaboración tanto de cavas como de vinos tranquilos.
También participa Pagès Entrena. La familia Pagès elabora cava desde los años 50 y desde entonces han obtenido continuos reconocimientos por sus vinos. Su bodega se ubica en un edificio del siglo XII.
La tercera pata de este banco enoturística es la bodega Bohigas. Presumen de trabajar sus viñas desde 1290 y desde luego su bonita masía es de aquella época. En realidad, la primera vez que comercializan cava es en 1936. También elaboran vinos tranquilos.
Sin duda, una apuesta fuerte por el enoturismo.
El pasado viernes pudimos asistir en la vinoteca Vinarium de Madrid a la presentación de la bodega riojana Luis Cañas. Situada en la Rioja alavesa, posee unas 90 hectáreas de viñedo propio y controla otras 220. Sus cepas tienen una edad media de 40 años y su parque de tonelería consta de 5.000 barricas francesa y americanas. Sus vinos llevan unos cuantos años entre los más valorados de La Rioja y han cosechado numerosos premios, tanto dentro como fuera de España.
Óscar Cárdenas, sumiller de la bodega y maestro de ceremonias, convirtió la velada en toda una experiencia ya que no sólo habló de sus vinos, sino que dio una completa lección de enología, partiendo de los conceptos más básicos de la cata, pasando por las diferencias entre la barrica americana y la francesa, la importancia de la edad de las viñas o el número exacto de vueltas, ocho y media, que hay que dar al sacacorchos para hundirlo en el tapón. Y todo ello respondiendo siempre con amabilidad a las numerosas preguntas que surgieron de público.
Tuvimos la oportunidad de catar 4 vinos de la bodega. Empezamos por el Luis Cañas Blanco Fermentado en Barrica 2008. Óscar explicó que la barrica daba más complejidad al vino y que además ese tiempo en contacto con la madera luego permitía que la botella pudiera ser guardado más tiempo. También fue guiando la cata mientras los presentes intentaban distinguir los matices aromáticos que Óscar iba dibujando.
Pasamos a los tintos con un Luis Cañas Crianza 2005, un vino que todos los presentes encontraron en un buen momento. Ya está en el mercado, por cierto, su hermano de 2006. Pasamos casi sin enterarnos al siguiente caldo: un Reserva Selección de la Familia 2003. Un vino que se ha conservado muy bien estos seis años y que por lo catado parece que todavía tiene recorrido.
Compitió en muy buenas condiciones con el siguiente y último vino, una de las estrellas de la bodega y recientemente declarado Mejor Vino Español en Madrid Fusión: el Amaren Tempranillo 2001. Un vino que proviene de viñedos con una edad más que respetable: 60 años de media. Ocho años han pasado y todavía se conserva joven. De hecho, está en su mejor momento de forma y aún debe estarlo, según estimó Óscar, otros dos años más por lo menos. Su sutilidad y elegancia lucharon con la expresividad del Selección de Familia. Difícil para los asistentes decidir cuál gustaba más.
En definitiva, una interesantísima presentación de la que salimos, todos, sabiendo un poco más de vinos, de La Rioja, de la cata en general y de los vinos de Luis Cañas. Eso sí, a todos se nos quedaron los dientes largos por no poder probar el Hiru 3 Racimos. “Siempre está agotado”, explicaba Óscar sin que sirviera demasiado de consuelo.
El periodista Carlos Mínguez ha elaborado para Efe un interesante artículo en el que da voz a varios actores del mundo del enoturismo en España. Todos ellos hablan de una actividad cada vez más de moda en España pero que todavía está lejos de manejar las cifras de Francia, Italia o California. Os dejamos con el artículo:
Las cifras son todavía modestas -no más de millón y medio de personas al año-, pero el enoturismo, muy extendido y consolidado en Francia e Italia, o en el californiano valle de Napa, avanza imparable en España, el mayor viñedo del mundo. “Está en auge porque el vino está de moda y porque es un turismo muy emocional, experiencial”, afirma, en conversación con Efe, Mónica Figuerola, directora general de Turismo de La Rioja, comunidad a la que el 70% de sus visitantes acuden atraídos por las excelencias de sus caldos y la cultura creada a su amparo.

Paisaje de La Rioja Alta
El sector, como las administraciones públicas, ha sabido ver que el enoturismo puede ser, y ya es en muchos lugares, un negocio rentable, además de un plus añadido para dar a conocer mejor sus vinos e incrementar así las ventas, tanto dentro como fuera de España.
“Aún falta el último empujón para que podamos considerarla una actividad plenamente consolidada, pero ya se ha demostrado que no se trata de una moda, aunque inicialmente pudiera parecerlo, sino de un tipo de turismo totalmente establecido, rentable y con muchas perspectivas de futuro”. Así de claro lo tiene Mercedes Cantalapiedra, concejala de Cultura, Comercio y Turismo del Ayuntamiento de Valladolid.
Fue hace cuatro años cuando, al amparo del prestigio y la calidad de los vinos de Ribera del Duero, y de otros valores gastronómicos, monumentales y culturales de la zona, el Ayuntamiento de Valladolid decidió aunar esfuerzos -bodegueros, empresarios hosteleros, agencias de viajes…- para convertir la ciudad y su provincia en un “referente enoturístico”.

Los resultados son satisfactorios, con 20.000 visitantes más en 2008 respecto al año anterior y unos ingresos anuales de unos 20 millones de euros, destaca Mercedes Cantalapiedra. “El vino y la gastronomía”, insiste, “son dos de nuestros principales reclamos turísticos”.
La de Ribera del Duero es, junto a las de Rioja Alta, Condado de Huelva, Ycoden-Daute-Isora, Alicante y Ribera del Guadiana, una de las seis Rutas del Vino de España pendientes de certificación por Acevin, la Asociación Española de Ciudades del Vino, que entiende la promoción de la cultura y el turismo enológico “como una herramienta complementaria para el desarrollo local”.
Además de las citadas Rutas, otras trece llevan ya tiempo contribuyendo a que el viajero “descubra una España diferente” y pueda “vivir experiencias nuevas”, como la visita a bodegas y viñedos, la participación en catas, la de ser testigo de una jornada de vendimia y hasta someterse a un tratamiento de vinoterapia.
Bullas, Jumilla, La Mancha, del Vino y del Brandy del Marco de Jerez, Montilla-Moriles, Navarra, Rías Baixas, Ribeiro, Rioja Alavesa, Somontano, Tacoronte-Acentejo, del Vino y del Cava del Penedés y Utiel-Requena son las otras 13 Rutas del Vino de España promovidas por Acevin con el apoyo de la Secretaría de Estado de Turismo y el Ministerio de Medio Ambiente y del Medio Rural y Marino. La lista se enriquecerá en breve con otras incorporaciones.
“Adentrarse en ellas es hacerlo en un mundo de placeres y sensaciones”, dicen en Acevin, cuyo presidente, José Fernando Sánchez Bódalo, alcalde de la localidad manchega de Alcázar de San Juan, considera el turismo del vino como una “oferta complementaria” al de sol y playa, en el que España es líder mundial. “No tiene vocación de masivo, pero sí puede ser muy intenso e intensivo”, comenta.
El último ‘Observatorio Turístico de Rutas del Vino de España’, realizado entre noviembre de 2008 y enero de 2009 a instancias de Acevin, concluye que el perfil predominante de quienes se “dejan llevar” por uno de esos itinerarios corresponde a visitantes nacionales (93%) residentes en núcleos de población medio-grandes.
Son turistas que viajan en familia o en grupo, por periodos cortos (fines de semana y puentes), con pernoctación en hoteles de cierta categoría (tres y cuatro estrellas) y que se organizan personalmente aprovechando las recomendaciones de amigos y familiares, con la ayuda de Internet y de las oficinas de turismo en el destino. Su nivel de gasto (unos 100 euros diarios) se sitúa por encima de la media nacional y su índice de satisfacción es muy elevado.
El Penedés catalán es, con casi medio millón de visitantes en 2008, uno de los destinos con más éxito, si bien hay que tener en cuenta que en esta comarca tienen su sede tres de las bodegas españolas más visitadas: Codorniu, Freixenet y Torres. Los otros son La Rioja, Rías Baixas, Ribera del Duero y Jerez.
Para Angels Piñol, gerente del Consorcio de Promoción Turística del Alt Penedés, esa cifra es el fruto de años de trabajo. “Hemos sembrado para recoger esto”, dice, si bien entiende que el auge no ha hecho más que empezar. “Nuestros cavas y vinos son la excusa para conocer este territorio, su cultura y paisajes. Creemos en el enoturismo”.
El mismo convencimiento tienen en Andalucía. “La cultura del vino añade un plus de calidad a nuestra oferta turística”, comenta Antonio Muñoz Martínez, director general de Planificación y Ordenación Turística de la Junta. “Hay que mimar el turismo del vino”, y convencer a los grandes operadores turísticos sobre las oportunidades de negocio “claro” que existe.
“Es el eje fundamental de la actividad turística riojana”, asegura Mónica Figuerola, directora general de Turismo de una Comunidad que considera al vino como “un complemento ideal de otros grandes productos como la naturaleza, la historia, el arte, la gastronomía….Es un gancho importantísimo”.
Convencidos del futuro brillante que aguarda en España al enoturismo y del poder de seducción de algunos de los grandes de la arquitectura internacional, son varios ya los bodegueros que han invertido en ladrillo y diseño para atraer visitantes a sus instalaciones. Es el caso de las Bodegas Marqués de Riscal, que contrataron al canadiense Frank O. Gehry, premio Pritzker -el Oscar de la arquitectura- y autor, entre otros emblemáticos edificios, del Museo Guggenheim de Bilbao, para que diseñara el que desde 2006 alberga su sede social en Elciego (Alava), además de un hotel de lujo, restaurante y hasta un centro de vinoterapia. El el año pasado fue visitado por más de 60.000 personas, según el presidente de la compañía, Alejandro Aznar.

Los españoles Santiago Calatrava y Rafael Moneo, además de Philippe Mazières o Zaha Hadid, han puesto también su sabiduría arquitectónica al servicio del vino en otras bodegas de reciente construcción.
Los herederos de Marqués de Riscal se han fijado en el modelo del Valle de Napa, en California, concebido para un turismo masivo pero de calidad, para sus instalaciones de Elciego. Por ese lugar de la costa oeste estadounidense pasaron en 2006 unos ocho millones de visitantes.
Una cifra que “probablemente nunca se alcanzará en España, o que tardará mucho en lograrse”, apunta Carlo Galimberti, director internacional de proyectos de Vinoselección, desde 1973 el mayor club de vinos de España, y pionero aquí del enoturismo.
Galimberti habla de un turismo todavía hoy minoritario, si bien considera que “trabajando mucho y bien”, con profesionalidad, podría alcanzarse pronto la cifra de “cuatro y hasta cinco millones” de enoturistas al año.
“Todavía no es una realidad consolidada, estamos en una fase de asentamiento, pero poco a poco puede convertirse en una opción a sumar al de sol y playa, y de más calidad”, concluye.
Esta tarde hemos tenido la oportunidad de hacer una degustación de champán Ruinart, la conocida casa francesa que pertenece al grupo Moët Hennesy, en la tienda Vinarium de Madrid.
De la mano de Xabier Monclus, hemos recorrido la Champagne, la manera “honesta”, según el propio Xabier, que tiene Ruinart de hacer sus vinos. La importancia de las variedades, de la Chardonnay (“el maquillaje, la que da complejidad” al champán), de la Petite Meunier y de la Pinot Noir (“el núcleo del champán”).
Y lo hemos podido comprobar al degustar tres de los champanes de la casa: el Blanc de Blancs, el R de Ruinart y el Rosé.

Un placer, tanto por los caldos como por la presentación.
Hace poco saltaba a los telediarios la noticia de que una oficina de turismo australiana ofrecía el mejor trabajo del mundo: consistía en vivir en una isla de ensueño, disfrutarla y luego contar vía blog lo bien que el sufrido trabajador se lo estaba pasando. Fueron miles las candidaturas que recibió la oficina mentada y millones las visitas que recibió su página de internet. Una operación de marketing redonda.
No han tardado en salir imitadores. Y es que la bodega californiana Murphy-Goode ofrece 10.000 dólares mensuales durante seis meses por la complicadísima tarea de mostrar los encantos de los vinos y los paisajes de la zona del condado de Sonoma, donde se encuentra la bodega.
Durante ese tiempo, le enseñarán a conocer los vinos californianos y los de Murphy-Goode, trabajará con los vinateros mano a mano e incluso creará junto con el enólogo de la bodega un vino con el que conmemorar su estancia en California. Pero no acaba ahí el trabajo del afortunado: también tendrá que descubrir lugares donde hacer pic-nic para guiar a los turistas o controlar la población de halcones y buhos que viven en los viñedos como medida de protección de las viñas.
En contrapartida el trabajador (si es que se le puede llamar así) sólo tiene que contarlo todo a través del blog, colgar videos y hacer entrevistas a los personajes de lugar. Así que ya sabéis, si os apetecen unas vacaciones enológicas pagadas, muy bien pagadas, sólo tenéis que enviar un video de presentación. Eso sí, la competencia va a ser dura.
Francia, España e Italia copan el mercado del vino europeo. A su enorme producción se les une su poderosa maquinaria de marketing, y apenas Alemania escapa a su omnipresencia. Sin embargo, son muchos los países que tienen un pasado enológico y que poco a poco empiezan a desempolvarlo y a sacarlo al exterior. Hungría ya lo ha hecho y sus Tokaj son reconocidos en todo el mundo, aunque existen más de 20 regiones vinícolas en el país. Bulgaria parece que despierta poco a poco y saca un paso a Rumanía, que tiene regiones muy interesantes como Moldavia. Y por qué no hablar también de Serbia, que poco a poco olvida su tenso pasado reciente y se centra en el desarrollo de su economía y de su sector vinícola.
De los excelentes Tokaj ya os hablamos el mes pasado. La tradición habla de ellos como vino de reyes y de hecho estaban presentes en el menú de los monarcas franceses. Hay mil anécdotas y mitos en torno a este caldo cuyo color dorado se atribuía a la presencia de oro en las tierras en las que se cultivaban las vides. Pero, a pesar de ser la joya vinícola húngara, no es lo único digno de mención.
En Hungría, como ya os hemos adelantado, existen 22 regiones vinícolas, aunque en realidad se pueden distinguir cuatro grandes regiones: el Transdanubio meridional y septentrional, Tokaj y Eger. Esta última es muy conocida también por sus vinos de Sangre de Toro, que poco tienen que ver con la conocida marca de bodegas Torres. Sin embargo, durante muchos años se primó más la producción en cantidad que en calidad, aprovechando la fama para vender lo máximo posible. Eso rebajó mucho la calidad de estos vinos que desde 1997 están regulados y parece que vuelven a remontar.
De Rumanía, la región más conocida es quizás Moldavia, que linda con la convulsa república que lleva el mismo nombre. Como ocurrió en Hungría, los agresivos planes agrícolas del gobierno de Ceaucescu trastocaron completamente el paisaje y la producción. Y, como el país magiar, los vinos rumanos poco a poco van ganando en calidad. Materia prima tienen, ya que entre las uvas autóctonas se encuentran varias de gran calidad, sobre todo blancas como la Feteasca Alba o la Grassa de Cotnari. Ésta última es la que ha dado fama a los vinos rumanos.

En la vecina Moldavia, en realidad es un continuo geográfico separado tras la Segunda Guerra Mundial, se pueden encontrar algunas de las bodegas más grandes del mundo, como la de Milestii Mici con kilómetros y kilómetros repletos de botellas reposando.
Los vinos búlgaros fueron durante los años 70 y 80 el descubrimiento para todos aquellos que buscaban una buena relación calidad-precio. Sus Cabernets competían con cierta soltura con los caldos de países más consolidados. Sin embargo, la caida del comunismo fue también la caída del mercado vinícola búlgaro. Se redujeron drásticamente las exportaciones y las tierras ocupadas por viñedos. Y apareció la competencia de los vinos del llamado Nuevo Mundo, también baratos para la calidad que ofrecían.
Sin embargo, Bulgaria es indudablemente tierra de vinos y por ello el gobierno lleva varios años trabajando por mejorar la producción, introduciendo también nuevas viñas, adaptando las leyes y estableciendo criterios de calidad. Además, se están recuperando variedades autóctonas como la Mavrud y buscando nuevas combinaciones con uvas foráneas.
Por último, Serbia. Está siguiendo el mismo proceso que el resto de países de la zona. Sus viñedos se están reduciendo aunque mejorando y al mismo tiempo aumentan poco a poco las exportaciones. En la actualidad existen unos 1.200 productores que están recuperando la elaboración de vinos propios como el Trijumf o el Krokan.
Todas estas regiones gozan de una geografía y unas condiciones climáticas más que aptas para la elaboración de vino, pero se enfrentan a una amenaza: a la estandarización, a la elaboración de caldos que se alejan de su tradición, al uso de variedades foráneas para producir vinos que venden, olvidando que tienen sus propias armas para enfrentarse al complicado, para qué negarlo, mercado del vino.

La López de Heredia Viña Tondonia es una de las bodegas con más tradición de La Rioja. Situada en Haro, en la Rioja Alta, sus ya cuatro generaciones familiares han conservado la manera de elaborar vino, la filosofía que les ha dado una gran reputación que todavía guardan intacta. Además, llevan a cabo un proyecto cultural que trata de poner en valor el rico patrimonio enológico de la bodega. Luis Vicente Elías es el antropólogo encargado de llevar a cabo ese trabajo de investigación. Hace unos dias, habló con diariovasco.com y aquí os dejamos un extracto muy interesante sobre el turismo de vino y la promoción de las bodegas:
(…)
- Su trabajo en la bodega…
- Que una bodega decida que su forma de promoción y publicidad es la investigación es algo único en el mundo. Trabajo en medio mundo vitivinícola y no conozco a nadie que en vez de anunciarse contrate a un científico para que estudie la vinificación desde el pasado, investigando en el propio archivo. Y que utilice esa información para contar a los visitantes una historia coherente, científica y amena sobre la bodega.
- Y hay más aportaciones…
- Hacemos exposiciones. En 2007 hubo una sobre el centenario de una viña. Y está mi participación en este mismo congreso o en otros foros académicos. Vengo aquí y hablo de un proyecto financiado por la bodega López de Heredia. Me siento orgulloso de trabajar en una empresa privada que fomenta la investigación
- El turismo del vino, ¿sofisticado?
- Algunos lo piensan, pero es un turismo de clase media interesado en el tema. Se acordarán luego de la región y comprarán productos riojanos, verán otras bodegas y comerán en restaurantes de la zona. Sólo una vez en mi vida he visto a un supermillonario que llegó con su jet privado. Estamos encantados con los visitantes del País Vasco, buenos compradores y tremendamente gourmands
(…)
Podéis encontrar el resto de la entrevista aquí.

