La Cava de Illán

La Cava Baja de Madrid bulle desde hace cuatro siglos, cuando la ciudad tuvo que alojar a los comerciantes que acudían de las villas cercanas para vender sus mercancías en los mercados de la Cebada o de San Miguel. En esa época, la calle se llenó de fondas y tabernas que acogían a los viajeros y a sus monturas.

En los últimos años, la Cava Baja, a dos pasos de la Plaza Mayor, se ha convertido en un referente para los nuevos visitantes de la ciudad, ya sean comerciantes sin montura, o turistas armados de cámaras de fotos, que son recibidos con comida de la tierra, en algunos casos con toques de modernidad, y en otros tradicional como las fachadas y los adoquines que empiedran el suelo de Madrid.

cava de illanLa Cava de Illán es uno de esos sitios que ofrecen tradición con unas leves pizcas de innovación en una carta no enorme en referencias pero sí jugosa. Está situado en el número 16, en un edificio del que todavía se pueden ver (si se pregunta y el servicio es amable como lo fueron con nosotros) los vestigios de su antigua función de granero de la Villa de Madrid. La decoración es típicamente madrileña, cuidada, de taberna, con fotos de Madrid bajo los cristales que cubren las mesas. Tiene cierto encanto, aunque lo rompe en seguida la camarera al colocar sobre las fotos un mantel de papel con publicidad de un conocido videojuego.

La carta está cuidada por fuera y decente por dentro, pero en lo que menos se fija uno en el momento de abrirla es en el diseño de las páginas (a no ser que sea espectacular o especialmente chabacano, y no es el caso), así que entramos directamente en materia. Hay que decir que no íbamos con mucha hambre, sino con la idea de picar algo (lo que pareció contrariar a la persona que nos atendió), así que pedimos unos huevos estrellados (ricos, pero al chorizo que acompañaba le faltaba personalidad), unas croquetas de jamón (algo frías pero muy bien hechas) y unos choricitos fritos al vino (muy, muy ricos, no dejamos ni el jugo). Para otro día dejamos otros sugerentes entrantes, como las variadas tostas o el revuelto de alcachofas con virutas de jamón ibérico.

En la mesa no todo es sólido, y para remojar las tapas pedimos un Viña Mayor Tinto Roble 2005, suave y fresco, que aguantó bien el envite. El resto de opciones no eran espectaculares en número y estaban en la misma línea: más bien clásicas. Entre ellas, nombres conocidos de La Rioja como el Viña Alcorta o el Lan (o un Contino, si queríamos subir la cifra de la cuenta), algunos Riberas, entre ellos el prometedor Cillar de Silos, y dos o tres tintos más de las DO Somontano y Toro. En blancos y rosados la oferta en carta era más limitada, con apenas un par de albariños como el Condes de Albarei.

illándetalle

En definitiva, un sitio clásico con propuestas clásicas (aunque no por ello menos sabrosas) y por un precio final no muy alto pero no asequible a quien quiera limitarse a un tapeo sin más pretensiones. Habrá que darse otra vuelta por la Cava Baja.

Be Sociable, Share!
This entry was posted in sitios, vinos and tagged , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>