
Se acercan la Navidad y el fin de año, y ya se empieza a hablar del insoslayable anuncio de Freixenet, este año dirigido por Scorsese. En Internet ya se pueden ver algunos adelantos. Y es que, como todos los años, el Cava es la bebida protagonista de las fiestas. No en vano, el 50 por ciento de las ventas se producen en los meses de diciembre y enero *.
En España, el Cava comenzó a producirse en el Penedés, Cataluña, usando uvas autóctonas y el sistema de elaboración que Dom Perignon y que tanta fama estaba dando a la región francesa de Champagne. En 1872, la casa Codorniú producía las 3.000 primeras botellas. En 2006, la producción de Cava superaba largamente las 200 millones. Durante las dos últimas décadas, el Cava se ha ido creando un nombre propio y un hueco en las estanterías de las tiendas de medio mundo. Como muestra, un botón: en 2000, la exportación de Cava a Bélgica apenas llegaba a las 700.000 botellas. Sólo seis años después, supera las 4 millones.
Sin embargo, para muchos el Cava sigue siendo el gran desconocido y es considerado como un espumoso de calidad poco más que aceptable, siempre a la sombra del Champán. Parece que esto está cambiando desde que se creara el Consejo Regulador se adoptara el nombre “cava”. Los consumidores van asumiendo que se trata de dos vinos espumosos de similar elaboración pero de carácter peculiar, debido a las distintas condiciones de producción. Aunque es difícil luchar contra la fama universal del Champán, el Cava, con paciencia y buenos productos, esta ganando fama poco a poco y ya es el segundo espumoso del mundo en volumen de producción.
En España, el Cava, sobre todo el elaborado en Cataluña, ha tenido que luchar en los últimos años contra las peleas políticas. Este año parece que las aguas están más tranquilas y el Cava no faltará un año más en las cenas de Navidad y, sobre todo, en la fiesta de fin de año.
* Estadísticas extraídas de


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